
Yo creo que uno de los grandes deleites de la vida es la comunicación humana. Y nosotros como maestros disfrutamos de ella, conviviendo con nuestros alumnos.
Esta aventura, cobra para mí, un vigor nuevo cada día, cuando se realiza con armonía y respeto; ya que con mis niños todo es potencia, germinación y esperanza.
Me doy cuenta que los niños están reconociendo sus facultades, recibiendo el impacto de múltiples intereses y adoptando valores e ideales.
Y somos los maestros, los encargados de acercarnos a ellos y mostrarles el camino, de abrir sus inteligencias y guiar su sensibilidad.
Para que en un futuro, ellos digan: “En este Colegio, aprendí que yo debía trabajar en una forma ordenada y que había que respetar las normas establecidas así como las diferentes formas de pensar, comprendí que yo podía construir mi propio conocimiento, a partir de la investigación, la observación y la experimentación”.
También me gustaría que mis alumnos, cuando pasaran los años dijeran: “En el Colegio aprendí que debía respetar la naturaleza, amar a mi país, ¡México!, y a ser feliz”